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Gustavo López, el Rey del Pop uruguayo

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Michael Jackson uruguayo


En 1987 Gustavo López encontró, en la casa de su tía, un casete de Michael Jackson. Tenía 16 años cuando los temas del álbum Thriller le dieron ritmo a su cuerpo. Desde ese día siguió los pasos del Rey del Pop, en su forma de bailar y de vestir


Hace 33 años que Gustavo imita a Michael Jackson con un nivel de perfección que le ha permitido ganar premios en el extranjero y en Uruguay. En Michael encontró la forma de llevar el sustento a su casa, pero, sobre todo, un amigo. Cuando tenía diez años su madre falleció a causa de un paro respiratorio. A partir de entonces sintió una profunda soledad que sobrellevó con la música de Michael. “Fue como un refugio. Algunos jóvenes buscaban la droga. Yo no. Busqué algo que me llenara, que me diera ilusión. Entonces comencé a escuchar su música e imaginaba que estaba sobre los escenarios”, explica el imitador.

Gustavo recuerda a su madre Luciana con mucho cariño y en cada detalle la tiene presente. Es su referente como persona y artista. Ella era bailarina de ballet. Según Gustavo, era una persona servicial y caritativa. De la misma manera Ana, su esposa hace 13 años, lo describe y lo compara con Michael: “No lo conocí personalmente, pero por lo que veía en la tele, me di cuenta de que era muy sentimental y perfeccionista en su trabajo. Gustavo es igual. En sus shows le gusta brindar la oportunidad de bailar a otras personas. Si no le sale todo perfecto, sigue ensayando para mejorar y se hace la vestimenta lo más idéntica posible”.

Gustavo es el menor de cuatro hermanos. Cuando falleció su madre se quedaron a cargo de su padre Floro López, un músico compositor que tiene más de 180 canciones -folklores, tangos, boleros, vals- registradas en AGADU. “Como artista era muy bueno, todo el mundo lo quería, pero como padre y esposo falló. Prácticamente no estaba en casa, porque trabajaba o se iba con su nueva pareja. Además, siempre quiso tener una hija, entonces nunca nos aceptó completamente. Él pensaba que con regalos solucionaba todo, pero no era así. Necesitábamos abrazos y caricias. Mi madre era todo lo contrario”, cuenta el imitador.

A partir de los 12 años se vio obligado a trabajar. Empezó juntando escombros en una casa, después fue oficial de carpintero, ayudante de panadero y a los 19 decidió imitar profesionalmente a Michael.

Tomó el mal ejemplo de su padre para comportarse de manera opuesta con sus tres hijos: Michael (22), Julieta (20) -frutos de una pareja con la que convivió por seis años-, Yazmín (12) y Emanuel (2)- de su esposa Ana-. Es muy afectivo con ellos y es a los primeros que menciona cuando recién conoce a alguien.

Cuando Gustavo habla sobre todos sus trabajos, Julieta dice: “Papá el inventor”. Siempre que le pide que le arregle algo se las ingenia para que funcione. “Todo lo que sea un trabajo honesto es bueno para aprender y desenvolverse en la vida”, añade Gustavo. Fue “bicicletero” y jardinero, colocó sellos, hizo soldaduras, pintó casas, instaló luz y, actualmente, trabaja en el área de mantenimiento del SODRE. “Cuando no pueda bailar más, tendré otros recursos para sustentar a mi familia”, concluye.

Ana y Gustavo

Lo que más cautivó a Ana cuando conoció a Gustavo fue su humildad, sinceridad y amor por sus hijos. “Después de que se presentó me mostró una foto de Julieta y Michael. Podría haber ocultado esa información en ese momento, pero no lo hizo. Fue muy espontáneo”, relata Ana. Gustavo recuerda, muy divertido, un día que le invitó a pescar: “Tal vez pensó que iba a sacar un ril y que tenía una lancha o un yate. Pero ese día me aparecí en la rambla con una latita de arbeja. Ella se mató de la risa. Fue mi sencillez la que la enamoró”.

Gustavo y Ana se conocieron en enero de 2002. Cuando ella -paraguaya- vino a Uruguay de vacaciones. Lo vio por primera vez en una reunión con amigos. Él aparecía en el programa Oficios nocturnos de VTV. “Me gustó como artista. Pero no me detuve a mirarlo con otros ojos”, confiesa.

Todos quedaron muy impactados con el parecido de Gustavo y Michael Jackson, por lo que gracias a un amigo en común fueron a verlo a un show. “Me saludó como si me conociera de toda la vida y se fue. En ese momento no estaba disfrazado, entonces no entendí quién era y por qué nos saludó de esa manera. Cuando sale al escenario mi amigo me pregunta, ¿sabés quién te saludó? Era Michael. No lo podía creer, era muy distinto sin toda la vestimenta”, recuerda Ana.

Después de ese primer encuentro intercambiaron teléfonos. “Fue como un flechazo”. Ana le pidió una foto. Y comenzaron a salir. Gustavo la invitó a conocer Montevideo y la primera vez que se vieron, sin estar rodeados de amigos, llevó a Julieta con él.

– ¿Qué te atrajo de Ana?
– Su forma de hablar. Los paraguayos tienen un tono dulce, pausado. Y además que me aceptara con mis dos hijos. Le dije que era separado y que todos los fines de semana iba a ir a buscarlos para verlos. Ella no tuvo problema.
– ¿Qué hiciste para conquistarla?
– Hacía pavadas para que se riera. Y me gustaba caminar por la rambla bien pegaditos. Ahora siempre busco la manera de mantener avivado el amor. Hoy en día veo que las parejas son más egoístas, pero nosotros cuando vamos a tomar decisiones lo conversamos.

Ana comenta con entusiasmo que Gustavo es muy romántico y “pegajoso”. Siempre busca sorprenderla con detalles. “Si no me regala flores, me trae un bombón. Es muy demostrativo. Son pequeñas cositas, pero muy importantes para la pareja”.

– ¿Alguna vez enfrentaste una escena de celos a causa de tu trabajo?
– En un show, una muchacha que hablaba en inglés me quería besar. Si vieras la cara de mi esposa. Creo que la quería golpear (risas). Son situaciones que se dan. Lo que hay que hacer es alejarse. Ella no es celosa, aunque a veces les vienen algunos ataques (risas).

Imitador Michael Jackson

Para Ana fue difícil adaptarse al mundo artístico de su marido, porque siempre estaba rodeado de mujeres, entonces no le quedó otra que acostumbrarse a ser la esposa de un artista. Además, pasó a ser parte de sus shows cuando anima cumpleaños, eventos y casamientos. Ana siempre lo acompaña, es quien lo ayuda con el cambio de vestuario, coordina con el DJ los temas que va a bailar, administra el dinero que cobra y organiza su agenda de espectáculos.

Las vacaciones de Ana se extendieron unos meses más de lo previsto. Se quedó en Uruguay por Gustavo. A los cuatro meses de haber empezado la relación, él se fue a EEUU a buscar trabajo. Ella volvió a Paraguay. Continuaron la comunicación por chat y mails. A los tres meses Gustavo volvió a Uruguay porque extrañaba a sus hijos. Avisó a Ana y ella también volvió. Después, decidieron “probar suerte” en España. Esta vez juntos. Pero no prosperaron. Cuando volvieron a Uruguay, Gustavo le preguntó si quería casarse. Yazmín ya estaba en “la pancita”.

El hermano mayor de Gustavo -mormón practicante- fue quien le habló del Evangelio y le explicó, sin presiones, que tenía que enderezar su vida ante los ojos de Dios. Con Ana vivían en concubinato, entonces los misioneros lo exhortaron a unirse formalmente.

La madre de Gustavo era muy creyente. “Ella decía que con Cristo todo se podía. Y eso me quedó en el tintero”, dice el imitador. Luego leyó en voz alta, desde el sofá, un cuadro que cuelga de una pared de su casa, junto a fotos de familiares y amigos: “Sellamiento de esposo y esposa. El presente certifica que Gustavo López y Ana Ayala, quienes fueron legítimamente casados en el templo de Montevideo, Uruguay, el 17 de julio de 2003, fueron sellados como esposo y esposa de este acuerdo, a la ordenanza de Dios por esta vida y por la eternidad”.

Ana reconoce que conocer el Evangelio afianzó su relación y la confianza mutua. “Si no tuviera a Jesús en mi vida, no sería tan feliz, no estaría tan segura al lado de un artista que está rodeado de tentaciones que el mundo le ofrece”.

Para Gustavo conocer a Jesucristo significó un cambio de vida, “antes me movía entre las luces, la diversión, la joda, mujeres, cigarrillos y alcohol, porque todo artista pasa por esas cosas”. Luego de casarse dejó de bailar por cinco años para madurar espiritualmente: “El tiempo que pasé sin bailar fue muy complicado, fue como si me hubieran cortado las piernas. Pero me sirvió, dejé el cigarrillo que me estaba destruyendo”.

– ¿En algún momento recibiste críticas por parte de la iglesia por ser famoso y ensayar en la capilla?
– Yo soy mormón. Soy el obispo y responsable, en lo temporal y espiritual, de las familias que viven en el barrio 18 del Prado. Ellos han visto mi show, porque he bailado allí para que vean la diferencia. Yo imito a Michael, pero hay una cosa que no hago, tocarme los genitales. Tengo hijos grandes y no está bien que me vean haciendo esos gestos. Y en cuanto a la fama, no me interesa. Sé que la mejor fama es la que proporciona Cristo. La otra, la que da el mundo, te confunde y te hace pensar sólo en el dinero. Tengo que mantenerme firme y juicioso, aunque sea difícil.

Gustavo como Michael Jackson

Le gusta terminar el show, cambiarse, subir nuevamente al escenario y mostrarse como Gustavo López. Cuando era joven utilizaba el pelo largo y rizado, luego de un tiempo se lo cortó. “Sentí que estaba perdiendo mi identidad. La gente ya no me llamaba Gustavo, me llamaba Michael. Y yo quería que me aceptaran como era, no por imitarlo. Entonces empecé a usar apliques”, relata.

Para Gustavo, Michael Jackson era una excelente persona y mártir de la sociedad: “Era muy completo. Personas como él encontraremos una cada 100 años. Dios le dio muchas bendiciones, en cuanto a talentos, pero era una persona pobre espiritualmente. Buscaba la felicidad, a veces en cosas que lo lastimaban, y no la encontraba. Creo que en el escenario era feliz”.

Tras la muerte del artista, Gustavo estuvo una semana encerrado en su casa escuchando su música. “Sentí que se había muerto algo de mí, pero sé que lo voy a volver a ver”, manifesta.

Nunca tuvo la oportunidad de conocer personalmente al Rey del Pop, pero admite que es parte de él. “Hubiéramos sido buenos hermanos”, dice con cierta melancolía. Tiene la esperanza de conocerlo y de reencontrarse con su madre cuando “Jesucristo vuelva a la tierra y todos resuciten como él resucitó. Así podré estar con ellos por la eternidad”.

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