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Papel de regalo

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No tenía maquillaje, ni estaba peinada. Estaba a punto de irse a la cama y, sin embargo, me regaló la misma sonrisa de siempre. La de los últimos 18 años. La bombilla de luz sobre el espejo del baño iluminó por completo su cara y, me invadió la sorpresa. Era la primera vez en mi vida que notaba unas arrugas adornando sus mejillas.


Para ella no pasaba el tiempo. Su figura se movía por la casa con total gracia, mientras realizaba tareas poco glamorosas con una voluntad envidiable. Era un espectáculo verla llevar las riendas del hogar, no sin antes avisarme a mí y a mi padre de la estrategia para el día. Parecía que la palabra “queja” no formaba parte de su diccionario.

En momentos ocasionales de reflexión, venían a mí pensamientos que me hacían preguntarme sobre aquella mujer. A veces esas voces internas me aseguraban que no era el mejor hijo, que no merecía tenerla. En otras ocasiones me impulsaban a tomar más conciencia de mis acciones. A esforzarme en levantar la mirada del celular. A recordar con claridad los pedidos insignificantes que me hacía en contadas ocasiones. A esbozar esa sonrisa que, por alguna razón que yo todavía no comprendía, a ella la ponía tan bien…

El reloj empezó siendo su enemigo, hasta que las agujas poco a poco empezaron a respetar a esa luchadora que hace 25 años que se levanta antes de que canten los gallos. No es amiga del desayuno, pero sí de los choferes de ómnibus, que la ven emprender su viaje al trabajo de lunes a viernes.

Veía salir el sol, como también lo veía esconderse. Y volvía a casa.

En mis momentos de introspección sobre el tema, que por alguna razón se hacen cada vez más frecuentes, siempre me detengo en el mismo punto. Me pregunto cómo es posible abrir la puerta, y a veces ni siquiera recibir un simple gesto de afecto. Pero mis pensamientos se congelan allí. Y sospecho que sea porque me aterra pensar en el tiempo que llevo haciendo esto, y en el dolor silencioso que probablemente le provoco.

Pero estoy acá. Ella sigue en el mismo lugar, y la luz reflejada en el espejo le da a su rostro la pureza más grande. Sin embargo, ahí siguen las arrugas.

Por desgracia, mi primer pensamiento es negativo. Pienso que la estoy perdiendo y que, por más exagerado que parezca, nos queda menos tiempo. Esa persona que ante mis ojos tiernos de 5 años de edad era inmune ante cualquier amenaza que el mundo pudiese presentar, ahora estaba acompañada por unos leves pliegues en sus mejillas que me infligían temor.

Luego sonrió. Y entendí que yo no estaba perdiendo. Estaba ganando. Ganando su sabiduría y un nuevo consejo con cada amanecer. Ganando su apoyo cada vez más fuerte y sincero. Pero sobre todo, ganando y aprendiendo de sus valores, que ahora me dan la madurez necesaria para saber que los días a su lado son un regalo.

Que vengan las arrugas, las manchas y las bolsas debajo de los ojos, porque ahí voy a estar yo para cuidarla, como ella siempre supo cuidar de mí.

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9 thoughts on “Papel de regalo”

  1. Jorge Faral says:

    Qué buen artículo Tomás! Por el mensaje y el estilo. Se vislumbra un escritor… Felicitaciones!

    1. Tomás De León
      Tomás De León says:

      Muchísimas gracias, Jorge. Valoro mucho tu mensaje, abrazo.

  2. Ana says:

    Ahhh Tommy….y perdona la confianza, pero te tuve en brazos y al convivir con Clau todos los días, ustedes son como hijos compartidos.
    Me complace tanto leerte con tanta madurez y tanta sensibilidad!!!
    Te felicito de todo corazón! Nos hiciste llorar a todas en la oficina!
    Abrazo grande!

    1. Tomás De León
      Tomás De León says:

      Muchas gracias por leerlo y por las lindas palabras, Ana. ¡Un saludo grande para todas allá!

  3. Juan says:

    Uyyy Tommy…. te escribo desde mi primera lectura de esto tan lindo . Pero no va a ser la única .
    Es algo para leer varias veces porque fui leyendo y fui quedándome con que me faltaba entender cosas , todas hermosas por supuesto .

    Y que lindo es saber que tu madre es como la has pintado y que la valoras exactamente como es.

    Muchas veces pienso lo raro de sentir que el 30 de noviembre del 2000 , esta gran amiga y yo estábamos tan cerca . Que esos futuros amigos estaban tan cerca en el momento más sagrado . Y q había a tan pocos metros dos Tomas tan especiales .

    Clau, te quiero mucho a ti y a tu familia . Tu nos has enseñado ha quererlos

    Abrazo inmenso
    Juan

    1. Tomás De León
      Tomás De León says:

      Emocionante todo lo que decís, Juan. La verdad es que me alegra mucho que te haya gustado, y se que pasás tiempo de sobra con ella como para entender todo. Un abrazo grande.

  4. Paola Pampin says:

    Tomas! Es emocionante todo lo que escribiste sobre tu mamà. Te felicito por tu talento para escribir . Tengo la oportunidad de conocerla hace màs de 20 años. Siempre la misma sonrisa, siempre la misma nobleza de corazòn, que la hacen tan buena mamà como amiga. Felicitaciones nuevamente querido Tomàs.

    1. Tomás De León
      Tomás De León says:

      Muchas gracias, Paola. Los que conviven todos los días con ella como vos saben que igual me quedé corto con el texto, beso grande!

      1. Paola Pampin says:

        Asì es Tomi. Un abrazo grande y que sigas escribiendo!!

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