Browse By

Los regalos del rock

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someone

Fotografía: Rodrigo Melián


Aquellos que cumplen sus sueños generan tanto odio como amor. Un humor que parece inagotable, el desprendimiento de las modas, la falta de apetito de quien ya está completo. Todo eso es delatado por una remera que se transforma en la cueva de un cuerpo, en una cintura que ya no sostiene un Levi’s viejo y la feliz sonrisa de la simpleza. Lo acompañan sus discípulos, sus druidas. Así suenan, con tanto carácter como cuando se fuerza el pasaje de la mucosa de la garganta a la intemperie. Retire ese rostro de desagrado, señor lector, es una libertad llena de ingenio.


El cantante lleva los hombros en forma de paraguas. Tapa a su micrófono de las injusticias, de la maldad, de la enfermedad y del hambre. Su escuálida amiga se encarga de llevar sus mensajes con la mayor objetividad posible, para evitar malos entendidos. Están enamorados. Quiebra las rodillas, le entrega su garganta y le grita al mundo que en ese instante pertenecen el uno al otro.

Los platillos enloquecen al batero. Los palos lo obligan a batir el aire, a reventar superficies doradas, a seguir la eterna melodía de las cuerdas de los bajos. Acerca su cabeza al calor de los tambores y la aleja para poder rascarles mejor el lomo. El vaivén se repite en todos los universos, sin importar que el gato esté, o no, con vida.

De la misma manera, los bajistas sacuden las raíces del rock que crecen de lo más profundo de sus masas encefálicas. Dicen los médicos que es un gran fertilizante. Las vibraciones de las cuerdas revuelven estómagos y resultan en una ensordecedora sinfonía de aullidos. Dos almas que logran darle vida a los cuerpos aburridos de la rutina, dos almas como esas nunca se olvidan.

Mandrake y Los Druidas son los niños inocentes que despiertan, no a las brujas de Salem, pero sí a los fantasmas del rock de los noventas.

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestEmail this to someone

7 thoughts on “Los regalos del rock”

  1. Magdalena Etcheverry says:

    Muy bueno Fede!

  2. javier torres says:

    muy buen artículo Federica, seguramente sea el sentir de muchos q hacen música

  3. Felipe Fresnedo says:

    Muy buena la nota
    Arriba!!!

  4. maria Noel says:

    El rock como inspiración, se refleja en la nota literalmente, felicitaciones!

  5. Andres B says:

    El salvajismo del rock pesado en tu palabras. Muy bueno. Beso.

  6. Angeles says:

    Muy bueno Fede! Que gran manera de expresión que tenes! Una genia total!

  7. Martin Maisonnave says:

    Brillante Fede! Digno de alguien que siente lo que escribe y se exige lo suficiente, como para no abandonar su estilo.
    Cada vez mejor

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *