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Category Archives: Pie de foto

¡Corre, Bean, corre!

El pecho rendido de un recorrido que atravesó urbes repletas y urbes desiertas. Comenzó a suspirarle al oído su esperanza que, de a poco, iba apaciguándose. Le habló una lengua en roce con un paladar, trancados los fonemas, la vuelta a dos niños pasándose un

Corrientes de Caronte

Con fuerza de odisea abrazan un plástico. Lo encierran entre un cuerpo con direcciones profundas y un par de cuerdas náuticas, o manos, que las salvan de ahogarse entre las almas de un Estigia bien camuflado. La presión del aire contra la de las aguas

Digno de un Cascanueces

Con la tierna y misteriosa riqueza de un compás bien conocido, alza una primero. Le sigue la otra que, cortando tajos en el aire, se eleva aún más. Las extremidades del director de una orquesta de cemento sólido dirigen vientos, cuerdas y percusión. Pero si

Adiós, pequeño vestido negro

Desvanecido ante la magia de la mortalidad, la nariz de Onetti ya no puede oler la primavera y los dedos de ella ya no pueden acariciar la dulzura de sus telas más finas. Solo permanece la famosa inútil sensación de las epopeyas hacia la gloria,

Sangre de metro

Dios no muere porque el hombre lo ha matado, muere porque lo ha creado. Un sinfín de pensamientos en ebullición, un sinfín de pasos andados, un sinfín de melodías sin terminar. La velocidad de cada pasajero al pasar deja una historia inconclusa. El lector se

Los regalos del rock

Aquellos que cumplen sus sueños generan tanto odio como amor. Un humor que parece inagotable, el desprendimiento de las modas, la falta de apetito de quien ya está completo. Todo eso es delatado por una remera que se transforma en la cueva de un cuerpo,

Comunicación interracial

Una de las facetas más oscuras del poder de comunicar es la responsabilidad de ser el mensajero de Zeus, el súbdito de Cronos y el esclavo de Hades. Estirar un brazo o pronunciar la primera palabra. Clavar las garras en un pecho o llegar a

Eichmann derrotado

No tiene ni la menor idea de hacia dónde se dirige. La alimaña corre, galopa y agita su respiración. El corazón late a más pulsaciones de las que puede resistir, pero parece no interesarle. Una larga lengua colgando y abundante pelo ensopado en libertad.  A

La melodía de Caín

El arte de encontrar al culpable a través de sus movimientos nerviosos, sus gestos neuróticos y sus respuestas dilatadas a preguntas tan asesinas como el victimario. No hay peor asesino que el que no siente culpa, el que mata a uno de los suyos sin

Nuestro hombre

Frente a frente con un rostro nuevo. No lo hemos visto nunca, ni usted ni yo. Sin embargo, no podemos evitar construir la historia de su vida. No podemos evitar darle una identidad a esta cara tan amigable. Insistimos en hacer cada marca de su